La mente es un intrincado laberinto lleno de caminos sin salida, como
aquella mosca que se golpea contra el vidrio de la ventana, así es la dicotomía
que sufren mis pensamientos. Arriba, abajo, izquierda, la otra izquierda,
no hago más que amar y odiar mi vida cada vez que la analizo, y no paro de
analizarla por más que lo intente. Arriba, abajo, derecha, la otra derecha, como
un candado y 1000 llaves, como un nudo de lana que grita con chillidos
insoportables para ser desenredado. Y no solo eso, los insoportables quejidos
de mi cuerpo por un poco de atención de mi alma. El ruido estático intermitente
que me bombardean a mi cerebro. El ácido que circula e mi torrente. La guerra
contra inexistentes fantasmas que mi sistema inmune ha llevado a cabo. Arriba,
abajo, delante, detrás. Proyectos levantados, rotos, levantados y rotos como
castillos de arena construidos en la orilla del mar. El latente dolor de mi ojo
derecho en momentos inesperados. No encontrarle satisfacción a esta vida. Sin
sentido. Sin salida. Los recurrentes tormentos nocturnos. El sentir el cuerpo
sin circulación sanguínea mientras un incipiente y forzoso desdoblamiento
ocurre. Es sentir el peso de mi cuerpo astral mientras, como el peso de un
rígido cuerpo muerto mientras cae a un abismo de obscuridad debajo de mi cama
mientras se golpea contra el frio e inmisericorde piso. La irrefrenable
necesidad de estornudar y sonarme la nariz cada 5 malditos minutos una y otra y
otra y otra vez. Esos escalofríos energéticos que cruzan mi cuerpo y me agotan.
Sentir en carne propia el ruido de las distracciones que carcomen mi mente como
infernales gusanos que se retuercen dentro y fuera mordiendo y mordiendo. La
universidad y sus tareas, sus pruebas, sus evaluaciones y cosas de lo más
aburridas e inútiles, sin ningún motivo para realizarlas más que promesas que
están enganchadas en una carne cada vez más rota por los grilletes que
atraviesan mi ser. La asquerosa y toxica alimentación que día a día consumo
como píldoras médicas para mantener a esta, cada vez más desinteresada
existencia y cuyo propósito no tiene ninguna base. El dinero que como viene se
va, de a grandes y pesados mordiscos, cuyas utilidades rallan en lo fútil y
efímero, solo sirviendo para comprar la basura que me inserto en la boca. Los
dolores de oído provocados por los audífonos que uso casi a diario. La picazón
recurrente que muerde mis lagrimales cada noche. El esperar de 2 horas para
dormirme y alcanzar el estado que sueño. Siendo estos más laberintos con más
problemas, más dolencias, y casi ningún sentido, robándome la poca energía
mental que pude generar durante el día, sin sigan aparente uso real, porque
parece que tal cosa no existe. El grasoso acné en mi cabeza que hace que la caspa
de mi piel salga como cascaras blancas y ásperas, que carcomen mi cuero
cabelludo los lóbulos de mi oreja, la parte detrás de ella, una maldita
psoriasis. El estreñimiento que hace que aunque me despierte con dolor de indigestión
por la noche, no pueda evacuar la martirizante carga. El haber abandonado toda
creencia y fe en pos de una desoladora incertidumbre. El urticante polvo que habita hasta en los rincones más inesperados
de mi habitación, que de cuando en cuando me ahoga como una maniática
estranguladora, siendo mi propia alergia a este.Casi inteligencia. Casi
felicidad. Casi depresión. Casi asperger. Casi privacidad. Casi abundancia.
Casi escases. Casi estupidez. Casi odio. Algo. Nada. Arriba. Abajo. Izquierda.
Derecha. Desata el nudo. DESATA EL NUDO
no puedo, aun no