φ=1.1001111000110111011

sábado, 29 de agosto de 2015

Reflexiones desde un celular

Desde que puedo recordar mis propios pensamientos, me he dado cuenta de la profunda disociación entre la experimentación física, y la reflexión mental. Y esto último ha quedado en evidencia durante hace poco, cuando fui a beber alcohol con algunas personas.
Es curioso que al estar en el estado etílico, la velocidad del pensamiento no cambia, ni la forma de su ejecución. Es como si la mente estuviera ajena a los procesos cerebrales de estar ebrio. De todas formas he de destacar que mi propia percepción de estar "borracho" es la de una profunda sensación de alienación física, o sea, que mi cuerpo no era mi cuerpo, sino más bien como una máquina; lo extraño de sentirse ajeno, y por tanto, a ausencia de vergüenza directa, como estar alejado de tu cuerpo, como un avatar casi anónimo.
Otra cosa es la diferencia del reloj interior con el exterior, al estar en esa extraña burbuja de irrealidad, pude ver que el segundero del reloj de mi computadora iba casi el doble de rápido que lo normal.

Esta idea de disociación me ha acompañado a lo largo de mi vida.
Aquella vez que besaba a cierta chiquilla, no podía dejar de darme cuenta de la frialdad con que pensaba en la situación, muy al margen de mis sensaciones de enamoramiento o lo que haya sido eso.
O la fase entre el sueño y la vigilia, en la cual, aunque no recuerde nada de la realidad, y estos recuerdos poco a poco vayan reemplazando a los recuerdos y paradigmas del sueño, yo sigo siendo yo, y mi pensamiento es igual, ajeno a la situación que ocurre.
Lo mismo con mis etapas de dolor, o euforia, o depresión, o excitación, o sueño, o placer, o reflexión, o flojera, etc; mi pensamiento no se altera, es ajeno a la situación.

....

------------------------DATOS Y COSAS VARIAS--------------------------

Etiquetas